En la soledad de la noche
tu rostro me acecha.
No puedo eviarlo,no sé por qué
pero tú me embelesas.
Tu cabello cual cascada de suave seda
traída de Oriente,
de donde procede
tu mirada ardiente.
Esa piel tersa que invita a la fantasía
pero también curtida;
eres fuerte, dama mía.
No lo entiendo,
sé que vuelvo a caer en esta maldita prisión.
Ahora me encierras y me encantas,
me adormeces con tu voz
me quitas la voluntad.
Tu firmeza y belleza,
de nuevo.....me embelesan.
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